Desde terapia ocupacional se ha ido cambiando el perfil de paciente que se atiende desde hace unos años, abriendo el abanico a sujetos que se pueden beneficiar de nuestra intervención, un grupo de población que se ha ido aumentando en nuestros recursos son sujetos con síndrome del dolor regional complejo.

Este tipo de pacientes sigue siendo uno de los más difíciles de trabajar y se han estudiado múltiples intervenciones terapéuticas, desde quirúrgicas a farmacológicas y de rehabilitación. En la literatura actual el papel preponderante de la terapia ocupacional es claro, como se puede ver en esta revisión de la literatura donde se habla de una cierta unanimidad con respecto a los beneficios y su coste efectividad para la intervención sobre este tipo de paciente.

Debido a las fases y los signos y síntomas  que se producen en el desarrollo de esta problemática se han probado muchas técnicas, algunas de probada eficacia y otras parcialmente eficaces, por lo tanto es importante conocer esta evidencia para optimizar los tratamientos y que los resultados sean los más óptimos.

Es esencial contar con directrices que establecen un algoritmo para el manejo de pacientes con Síndrome del dolor regional complejo (Donde el diagnóstico correcto es fundamental, pues se considera que existe un sobrediagnóstico).

Dentro de las técnicas de rehabilitación que han demostrado ser más eficaces son la imaginería motora graduada y la terapia de espejo. El nivel de evidencia científico encontrado por esta revisión es de II para la primera y III para la segunda.

La imaginería motora graduada ha demostrado ser muy útil, sobre todo para aquellos pacientes crónicos, disminuyendo su percepción del dolor.

La terapia de espejo ha demostrado ser una buena primera línea de intervención pero no ha demostrado ser efectiva utilizándola de manera aislada (aunque dudo que ningún terapeuta se planteé dentro de su intervención hacer sólo terapia de espejo).

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