La moral escondida en Terapia Ocupacional

La moral escondida en Terapia Ocupacional

La moral escondida en Terapia Ocupacional

No sé si a vosotros os ha ocurrido, pero a mí cada vez que al estudiar historia de la Terapia Ocupacional llegaba a la parte del “Tratamiento Moral” intuía que el concepto “moral” esconde más de lo que aparenta en un primer vistazo. El “tratamiento moral” fue ese nuevo paradigma que cambió el enfoque del tratamiento de los enfermos mentales para siempre: de ser encadenados y considerados endemoniados, a darles, utilizando aquello que aún conservaran de cordura, una posibilidad de recuperación.

En una lectura rápida el significado que la mayoría extraeríamos del vocablo “moral”, es el que parece que se contrapone al de “inmoral”, en el sentido de que es “inmoral” encadenar a seres humanos y por tanto, el no hacerlo ha de ser “moral”. No voy a discutir esto que es obvio, especialmente si se ve desde la perspectiva de la moral contemporánea, pero sí voy señalar un mecanismo de confusión que ocurre cuando conceptos traen a la cabeza imágenes avasallantes, como la de seres humanos encadenados y golpeados: el de que “el árbol no nos deje ver el bosque”.

Según lo presentado el concepto “moral” se correlaciona con el de “bueno”, e “inmoral” con el de “malo”. Esto es cierto pero no completamente porque “moral” puede dar bastante más de sí y hacernos reflexionar mucho a los Terapeutas Ocupacionales:

Cito a Javier Muguerza, posiblemente la figura en el campo de la Ética más importante en España: «Las palabras “moral” y “ética”, respectivamente proceden del vocablo latino mos y el vocablo griego éthos (el primero de los cuales es la traducción del segundo y ambos son conjuntamente traducibles por “costumbre”, en el doble sentido de “modo de comportarse” a título individual y de “patrón de conducta” a título colectivo)».

Vemos que “moral” no es primordialmente un adjetivo que signifique “bueno” (aunque por extensión sí se pueda utilizar como tal) sino que alude a un patrón de comportamiento, tanto individual como colectivo. Un comportamiento moral es bueno, pero no es “moral” porque es “bueno” sino que es considerado en un contexto cultural particular “bueno” porque es “moral”, porque es lo que la mayoría acepta. Se dejó de encadenar a los enfermos mentales no porque fuera “bueno” per se, sino porque llegó un momento en que no encadenarlos estuvo más aceptado de acuerdo a ideas racionalistas.

Con esto en mente quizás podamos ver más bosque detrás del árbol: El “Tratamiento Moral” fue heredero del racionalismo, y se considera al médico francés Pinel como uno de sus fundadores y su máximo representante en la práctica. No hay que olvidar que éste lo impuso durante el París revolucionario mientras se luchaba (y guillotinaba) contra el Antiguo Régimen. Sus procedimientos consistían en que los enfermos adquirieran hábitos sociales (comer a las horas aceptadas socialmente, seguir modales en la mesa, cumplir con rutinas de higiene, escuchar música, hacer actividad física, etc.). Recordemos entonces que “moral” alude a patrones de comportamiento, a hábitos. Por ejemplo, llamamos a alguien “generoso” no porque haya pagado las copas una vez, sino porque reiteradamente y como un hábito repite el invitar a copas.

Entonces, un componente esencial de “moral” es el hábito. Esto entronca con la ética de la virtud de Aristóteles, quien dice que las virtudes se cultivan, se adquieren por el hábito. Y quienes introdujeron el “Tratamiento Moral” muy probablemente tenían esto en mente, de forma que:

  • Si un loco comienza a hacer cosas de cuerdo repetidamente, tanto que llega un momento en que hace más cosas de cuerdo que de loco, ¿le llamaríamos loco o cuerdo?
  • Y si las lleva a cabo tanto que finalmente las convierte en un hábito, de forma que estos comportamientos son autoinducidos, sin necesidad de que nadie se los imponga, ¿entonces se puede decir que ha sanado de su locura?

Hay que recordar que el título clásico de Pinel: “Tratado médico-filosófico sobre la alienación mental o la manía”, contiene “alienación”, un concepto cercano al de “posesión”, “enajenación”, es decir, al de “ser otro”. La idea es que cuando el hombre se aleja de sus vínculos con la sociedad se enajena, se vuelve “amoral” (no inmoral, que es ir contra ellos, no ignorarlos), y por lo tanto hay que restablecer esos vínculos.

La similitud de “comportamientos repetitivos dirigidos con el objetivo de integrar a enfermos a la sociedad” con el proceso de Terapia Ocupacional es obvio. Precisamente, una actividad adquiere el grado de “ocupación” cuando engrana en la estructura social. Ahora, como reflexión final: La moral es culturalmente construida, entonces:

Si los hábitos aceptados como de “cuerdos” o “sanos” o “integrados” cambian con la época y el lugar, podemos reflexionar sobre si la terapia ocupacional no será sino una forma de moral contemporánea, técnicas dirigidas a integrar a un modelo de lo socialmente aceptable a colectivos ajenos a él.

8 Comments

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    Adrián Caballer
    abril 22, 2014

    Creo sinceramente que todos tenemos un punto de “locura” en nuestro ser; en trono a que todos tenemos o deberíamos tener acciones que rompen con las reglas morales o socialmente estipuladas en un contexto, pues no seria cuerdo pensar que todos los integrantes de una misma comunidad acepten per se las “reglas del juego” “la conducta de un individuo frente a la propia vida social”, ya que si tomamos como supuesto que todos los individuos de una sociedad en un contexto determinado aceptasen las reglas morales afirmaríamos que: o bien al sistema moral de la comunidad es perfecto o que la propia comunidad ha creado individuos “no libre pensadores”. Por ello se debería promulgar un cambio de terminología respecto al adjetivo de “locura” por el de “desaptativo”. Refiriéndome a que un pensamiento que se traduce en una acción, limita o refrena las actividades de la vida diaria de la persona como modo y fin de un bienestar físico, moral y psicológico.
    Por ello deberia caer dentro de lo racional que un individuo de una comunidad reflexione y se cuestione sí los principios morales que dicta dicha comunidad son o no son éticos
    en la forma de entender la propia vida del individuo.

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      Miguel Gómez Martínez
      abril 23, 2014

      ¿Y el estigma? El friki, el cachas, la compradora compulsiva estan estigmatizados por la sociedad. Cualquier pensamiento divergente es motivo de juicio moral por la sociedad, como no lo va a ser el discapacitado o el enfermo mental. Las sociedades evolucionan cuando un pensamiento divergente es socialmente aceptado, ni moral, ni éticamente, pero si unes pensamiento divergente y estigma… no hay modelo idealisa que lo resista y la TO en muchas de sus ramas es idealista (en el mal sentido de la palabra) no es pragmática y hace que esta profesión no encuentre parte del prestigio social que se merece y que muchos terapeutas se frustren por no alcanzar un modelo inalcanzable

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    Gretel A. de la Paz
    abril 22, 2014

    Creo que la terapia ocupacional también puede ser una forma de alienación (como, desde mi punto de vista, lo fue el tratamiento moral), en el sentido de “ser otro”. ¿Por qué dirigir la intervención a integrar hacia un modelos de lo socialmente aceptable en lugar de apostar por modelos sociales más inclusivos que acepten la “alteridad”?

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      Miguel Gómez Martínez
      abril 23, 2014

      No dire que no tienes parte de razón pero desgraciadamente esos modelos que hablas son completamente idealistas. No es algo real y tangible que pueda alcanzarse. Si fuera así sólo deberiamos pensar en modelos ideales y la razón moral los provocaría pero esto no funciona así. ¿buscamos un camino intermedio?

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    SergioRivasDomínguez
    abril 23, 2014

    Muchas gracias a los tres por vuestros comentarios. Hemos de ser conscientes de que al actuar (haciendo terapia, o simplemente como individuos sociales o políticos) es siempre aplicando ideas y conceptos que hemos aprendido o hemos elaborado a partir de lo aprendido anteriormente, y de que la sustancia que usamos siempre viene de la cultura en la que hemos nacido y través de la educación, a-pre-hendido (en el sentido de “tomado, agarrado con la mano”, como los filósofos estoicos señalaban, ad- (hacia), prae- (antes), hendere (coger, agarrar)). Por tanto, las acciones son hijas de todo ese conocimiento aprehendido; o dicho de otro modo: aplicamos a la sociedad las ideas que parten de la materia prima que previamente hemos tomado de ella, y es imposible escapar de ello, si lo hiciéramos estaríamos simplemente fuera de lo social. Lo social se expresa en normas más o menos tácitas, y que se conocen como costumbres o moral porque se repiten y son entendidas por todos los que integran una sociedad dada. Fuera de ella, implica eso: estar totalmente desconectado.

    Cuando interpretamos el comportamiento de un “loco”, no lo hacemos por la parte de éste desconectado de nuestras ideas, sino en lo que aún tienen de conectado. Por ejemplo en una AVD: se puede decir que alguien come extravagantemente, o no completa la tarea de forma que sea funcional, pero reconocemos en ese hecho algo que lo pone en común con nuestra idea “comer”. Un caso extremo: si yo visito una tribu Inuit, es posible que tengan una costumbre que a mis ojos culturales no tiene significado, yo la podré interpretar y describir para que otros en mi cultura se hagan una idea, pero siempre aludiendo a mis referentes. En cualquier caso, estaré fuera de ese contexto cultural, incluso describiendo el fenómeno, estoy conectado con el mío, porque yo como persona soy mi contexto (mi circunstancia, como Ortega diría), no el Inuit.

    ¿Por qué todo este parrafo? Ahora lo vemos: La terapia ocupacional por sus antecedentes históricos inescapables (de la misma forma que es imposible escapar a la cultura de cada uno) es esencialmente idealista como Miguel dice. Esto quiere decir que es normativa y que tiene ideas preconcebidas de hacia dónde (idealmente) quiere conducir a aquellos que la reciben. Es cierto, Adrián que estas ideas cambian con el tiempo y en muchos casos son construidas por aquellos que piensan nuevos modos o combinaciones, si quieres les llamamos “librepensadores”, aunque esta construcción es siempre a partir de ideas anteriores ya aceptadas, y las nuevas se aceptarán (una vez expuestas socialmente, porque por muy creativo que se sea, si uno guarda sus ideas para sí, es como si no existieran) socialmente sí y sólo si estas nuevas ideas resultan en un beneficio para la comunidad. Por ejemplo, la aparición del teléfono móvil, mejora las comunicaciones y por tanto produce un considerable beneficio económico; En el contexto de nuestra discusión: el hecho de que los enfermos mentales se integren es beneficioso porque al ser menos dependientes, menos recursos han de destinarse a su mantenimiento, hasta el punto de que incluso pudieran ser productivos si ciertos trabajos pueden adaptarse a sus discapacidades.

    Razonar es la capacidad de hacen nexos lógicos entre conceptos. Así por ejemplo, un modelo perfectamente racional puede conducir a desastres, por ejemplo pensad en la moral Nazi: Si aceptamos como axioma “los judíos son inferiores”, ya sabéis como continúa el argumento (perfectamente lógico seguido de esa proposición inicial) y a qué conclusiones en la acción llegamos como conclusión. Por tanto la razón no es por naturaleza buena o mala, es una capacidad. Alguien irracional no es necesariamente malo o inmoral (de hecho es muy probable que sea imposible que sea malo o bueno, porque no podrá distinguir entre el bien y el mal. La moral implica un juicio de valor y una voluntad).

    Creo que la clave consiste en ver que en nuestra cultura, se ha idealizado el concepto de “locura”, que se confunde muchas veces con algo cercano a “creatividad”, pero un “loco” en este sentido, un “librepensador”, si queréis, es alguien que está totalmente dentro de la cultura y sus normas, y de hecho, las utiliza para crear (mejor, construir) otras nuevas, o para transgredirlas. El mejor ejemplo: Dalí cuando decía: “la única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”. La terapia no tiene nada que decir o ver con esto, y si lo tiene, si a eso se considera socialmente una enfermedad, muy probablemente es en el contexto de un régimen totalitario (y cuyo tratamiento se llama “rehabilitación” por cierto. Vedlo aquí: http://en.wikipedia.org/wiki/Political_rehabilitation )

    La terapia se refiere a un enfermo mental real, un loco auténtico, un esquizofrénico por ejemplo (del griego schizein ‘dividir, escindir, hendir, romper’ y phr?n, ‘entendimiento, razón, mente), que es alguien incapaz de establecer nexos lógicos a la manera explicada antes y que por tanto no es que sea inmoral, no va contra las normas sociales, es que sencillamente es imposible de establecer relaciones entre los conceptos e ideas y por tanto de entender y producir significados necesarias para actuar (imaginaos ser incapaz de poner juntos los fenómenos “suelto la botella”, “la botella cae”, “la botella se rompe porque choca contra el suelo”, “el cristal roto corta”, “un corte en la piel produce una hemorragia”, etc. y esto con todos los fenómenos). Un mundo impredecible es una pesadilla, por eso la razón también aplicada a la predictibilidad social (expresada en normas: por ejemplo saludar significa “no te voy a agredir, puedes predecir una buena actitud (civilizada) por mi parte), es imprescindible y necesaria, y ni mucho menos alienante, es precisamente a partir de las normas por lo que podemos ser libres, la alternativa es el caos.

    Me ha quedado larguísimo, aunque creo que este tipo de discusiones son muy útiles porque es necesario calibrar lo que nos traemos entre manos como terapeutas y no sólo aplicar técnicas a ciegas, el significado es lo que da peso y valor a nuestra profesión. Gracias otra vez por vuestras aportaciones, se me han quedado muchas cosas por decir y las reservaré para el siguiente post, que basado en vuestros comentarios, tratará sobre el idealismo que impregna nuestra profesión y por qué en muchos casos (a mi juicio) la perjudica.

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      Gretel A. de la Paz
      abril 24, 2014

      Respondiendo un poco a la parte del idealismo, que también comentaba Miguel, estoy de acuerdo en que los modelos a los que me refiero son más difíciles de alcanzar. Digamos que la realidad se impone y, efectivamente, hay que adaptarse a ella. Sin embargo, creo que, aunque sea como idea, deben existir y, por qué no, perseguirlos… de manera que promuevan el cambio. De hecho, estoy convencida de que, volviendo a Pinel, su modelo se pudo considerar idealista e inalcanzable en algún momento.
      Adelantándome un poco al próximo post, no creo que el idealismo en sí mismo perjudique a la profesión, aunque sí opino que podría perjudicarla, claro. El idealismo puede perjudicar en la misma medida en que también puede perjudicar aferrarse a modelos obsoletos que tampoco responden a los cambios en una realidad en constante evolución.

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        SergioRivasDomínguez
        abril 24, 2014

        Encantado de discutir contigo, Gretel. Te emplazo para el próximo post, en que entraré un poco más a fondo el Idealismo y su presencia (avasalladora) en nuestra profesión.

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      Juan Carlos Rueda
      mayo 30, 2014

      Creo que ese idealismo del que habláis se resuelve trabajando…y más centrados en el Método basado en la evidencia… Es difícil avanzar si nuestros comentarios son: ha avanzado mucho, ha mejorado mucho…nos falta ser críticos y decir en que ha mejorado cuanto, porque y cuanto de eso por nuestra intervención…

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