El idealismo en Terapia Ocupacional (I) : A la caza del diablillo

Como prometí a Gretel cuando dejó un comentario a mi post anterior (un saludo, por cierto) hoy voy a comenzar a tratar el tema del idealismo. A mi juicio, la presencia de perspectivas idealistas es abrumante en la profesión de Terapia Ocupacional.

Parto de la base de que no hace falta conocer conscientemente en qué consiste el idealismo para hacer juicios y comportamientos idealistas, ya que éste está imbricado a todos los niveles en nuestra cultura y por tanto en nuestra visión del mundo (publicidad, televisión, instituciones,  política, deporte, mundo laboral, etc.). De esta forma, simplemente al tratar de funcionar en sociedad hemos de asumir y utilizar las claves idealistas, aunque (y esto es lo importante) no las identifiquemos como tales sino como la normalidad del mundo. Así pues, lo primero que hay que hacer es explicar qué es el idealismo más allá de ese concepto vago y común en que lo describe como la forma en la que piensa un idealista, quien a su vez sería algo así como un soñador de mundos mejores o utópicos. Pero esto, aunque tiene mucho que ver con ello, no lo explica todo. Empecemos:

Por poner un ejemplo de partida, todos damos por sentado qué es una piedra, o que una piedra es una piedra, pero hay que tratar de ver más allá de la obviedad y preguntarse por qué lo sabemos y más aún, por qué una piedra es una piedra y no otra cosa: -¿Cómo sabemos lo que hay en el mundo? –¿Cómo sabemos que esto es un árbol y no una piedra? –Porque lo vemos.- Y ¿por qué lo vemos así y no de otra forma?

Para encontrar en la historia una de las primeras respuestas  a estas cuestiones, y que marcó a todas las siguientes interpretaciones, nos remontaremos a la Atenas del siglo quinto a.C. : El gran filósofo Platón formula la teoría de las  ideas, que muy a grandes rasgos implica que existen dos mundos: El mundo sensible, que es en el que habitamos, que se llama sensible porque se percibe con los sentidos, y es donde encontraremos  (vemos) el objeto piedra o el objeto árbol. Estos objetos han sido creados, y están sujetos a cambio, a corrupción. El otro mundo es el inteligible, donde están las ideas, y éstas son eternas, inmutables, no sometidas a cambio ni corrupción y no pueden percibirse por los sentidos sino sólo por la razón. Las ideas actúan de modelo o arquetipo a los objetos del mundo sensible, puesto no están sujetas a cambio al contrario que ocurre con los objetos. Así, en nuestro ejemplo, cualquier piedra del mundo sensible no será sino una copia que pretende acercarse a la idea perfecta de piedra del mundo inteligible, idea que es única, en contraposición de las muchas piedras que hay en el mundo sensible, de las cuales unas se acercarán más a la perfección según están más o menos cerca del arquetipo único. En el mundo inteligible las ideas están jerarquizadas, siendo la de idea de “bien” la más importante, y las hay de todo. Además, al ser eternas y no haber sido creadas, son previas a los objetos del mundo sensible (de hecho ha de ser así para servir como modelos).

Dicho esto, recordemos que hay ideas que se refieren también a conceptos abstractos, como “justicia” o “amor”. Pensemos que cuando señalamos la presencia de la “justicia” o de “amor” en una escena, no estamos señalando a un objeto concreto como ocurría al atribuir “piedra” a una piedra. Un ejemplo sería al señalar la idea de “piedad” en “La Piedad” de Miguel Ángel. Nadie duda de esta presencia, pero dónde está o a qué señalamos exactamente para decir que eso es “piedad”: ¿a un gesto de la Virgen, una mirada, una forma de caer de Cristo? Más aún, ¿estamos señalando a una mujer sosteniendo a un hombre recién crucificado, o a dos divinidades, o a un trozo de piedra tallado? Y ¿porque una piedra tallada precisamente así y no de las billones de formas que la naturaleza le puede dar a la piedra al azar induce en nosotros las ideas de “piedad”, o de “madre”?

Y llevémoslo a nuestro terreno profesional: ¿Cómo atribuimos la idea de “discapacidad” a un comportamiento  en particular y no a otro? Platón podría decir (perdón por el anacronismo) que es porque existe el arquetipo, la idea de “discapacidad” en ese mundo inteligible, a partir de la cual el comportamiento que observamos en el mundo sensible se modela. A esto se le podría objetar que si la idea de “discapacidad” es eterna,  y precede a la manifestación en el mundo sensible, como el resto de las del mundo inteligible, debía existir ya en la época de la Grecia Clásica, algo que yo me atrevo a dudar.

Me doy cuenta de que voy a necesitar mucho más espacio para establecer la relación entre “idea” e “idealismo” y de aquí llegar a los problemas que éste plantea para el ejercicio de la terapia ocupacional. Si lo trato de explicar en una sola entrada, es imposible llegar al rigor mínimo que se requiere y creo que es una falta de respeto para los lectores dejar una opinión infundamentada en lugar de una argumentación. Así que en vez de una sola entrada, continuaré en una serie de posts hasta que lo agote. Pero antes de terminar el que me ocupa, dejaré planteado el principal problema de esta teoría de Platón, y es que fue incapaz de establecer racionalmente un vínculo entre los dos mundos. Es decir, que para que la idea de “piedra” del mundo inteligible sirva de modelo a las piedras del mundo sensible ha de haber algo que las ponga en contacto. Incapaz de explicar esto, Platón no pudo evitar recurrir al mito y se inventó un Demiurgo (una especie de diablillo), que es el que se dedicaría a modelar el mundo sensible copiando las ideas arquetípicas del inteligible.

Este problema planteado fue resuelto por Aristóteles, y cómo lo hizo lo dejo para el siguiente capítulo de la serie, aunque no os dejo sin invitaros a que con lo explicado, os dediquéis por un momento a reconsiderar a las ideas cercanas a la terapia ocupacional y a ella misma como idea desde la perspectiva de Platón, incluyendo a ese Demiurgo mítico que todavía está muy presente en nuestro mundo y en la terapia ocupacional como parte de éste. Por ejemplo: ¿Cual es la idea de independencia funcional y como hemos accedido a ella? ¿Y el arquetipo del terapeuta perfecto? ¿Por qué los modelos conceptuales son modelos? ¿De dónde vienen nuestras ideas de lo que hay que hacer para dar un servicio de calidad y cómo accedemos hasta ellas? No en todos los casos será así, pero veréis que más de uno capturaréis pequeños diablillos en vuestra cadena racional, Demiurgos que han unido conceptos sin justificación.

¡Feliz caza!

Sergio Rivas-Dominguez

Author: Sergio Rivas-Dominguez

Terapeuta ocupacional cuyo ejercicio ha transcurrido en su mayor parte dentro el sistema inglés de salud (NHS), tanto en hospital como en centros de rehabilitación, incluyendo liderazgo de equipos y en un amplio rango de especialidades. Actualmente estudiante de Filosofía y Terapeuta Ocupacional en el Servicio de sillas de ruedas y aplicaciones posturales de Newham (Londres). Investigo y critico la Terapia Ocupacional y la Ciencia de La Ocupación desde el rigor de la Filosofía de la Ciencia.

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2 Comments

  1. Hola de nuevo Sergio! Además del problema que comentas en relación a la teoría de Platón, yo diría que plantea una visión desde un punto de vista etnocéntrico. No creo que exista una única idea de piedad, ni de justicia, ni de amor (ni de terapia ocupacional)… las ideas están sujetas a interpretación y la cultura tiene mucho que ver en eso.

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    • Gracias Gretel,

      Como mi respuesta me ha quedado un poco larga para un comentario, dentro de poco te respondo en un artículo

      Un saludo

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